DECLINAR LA RESPONSABILIDAD, DECLINAR UNA INVITACIÓN, DECLINAR UN HONOR

Los sentidos que la RAE tradicionalmente atribuía al verbo declinar eran, en sustancia, ‘inclinarse hacia abajo’, ‘decaer o menguar’ y ‘acabarse’. También significaba ‘poner en los casos gramaticales las palabras declinables’, hablando de lenguas como el griego, el latín, el alemán, el húngaro o el ruso; y, cuando significaba esto, el verbo era considerado transitivo, por lo que, en teoría, en español no era posible que alguien declinara algo, salvo vocablos de aquellas lenguas.


Sin embargo, por influencia del francés, en los siglos XIX y XX empezaron a oírse expresiones como «fulano declina toda responsabilidad en el asunto», «mengano ha declinado la invitación» o «zutano no declinará tal honor», expresiones en las que declinar equivalía a ‘renunciar’ o ‘no aceptar’, y que fueron muy criticadas por los puristas, pero que acabaron asentándose en el uso, hasta el punto de que la Academia en su diccionario manual de 1950 les dio el pase.


Eso sí: hay que aclarar que la Academia, que entonces funcionaba de manera diferente a como funciona hoy, no le dio el pase al uso transitivo de declinar por congraciarse meramente con la moda; sino porque le constaba que lo que decían los franceses también se había dicho en España siglos antes.


Y que es así lo podemos comprobar mirando en libros antiguos, donde hallaremos declinar con sentidos como ‘apartar de sí’, ‘esquivar’ o ‘evitar’, similares a los que tenía el francés:



    «… justo es que sirvamos a Cristo, que nos redimió. Y por eso son justos los que por su nombre se ofrecieron a muerte, e injustos los que la declinaron» (Diego Gracián, traducción de Los oficios, de san Ambrosio [1534], folio 28 vuelto).



    «La comedia es una fábula, una ficción, un suceso fingido, una maraña en que se representan diversos tratos y costumbres, así de ciudadanos y gente de estado mediano, como de gente común y vulgar, con los cuales podemos ser instruidos de cosas que pueden ser útiles y provechosas para el concierto de la vida y de aquello que puede dañar y empecer. De la cual difinición se colige que la comedia es un espejo en el cual se nos representan las buenas costumbres para imitarlas, y las malas para declinarlas» (Fructuoso Bisbe y Vidal, Tratado de las comedias, en el cual se declara si son lícitas y, si hablando en todo rigor, será pecado mortal el representarlas, el verlas y el consentirlas [1618], folio 2).



    «Comienza en el principio a caminar la causa morbífica hasta mezclarse con todo lo mejor y hasta viciarlo, conque entonces está como con un pie fuera y otro dentro. En el augmento penetra más y en el estado están mezclados todos los contrarios. Cuando vuelve sobre sí y se refuerza la naturaleza, unas veces los arroja todos de golpe, que llamamos crisis total o perfecta; otras no puede tanto y los declina poco a poco, que llamamos crisis paulatina» (Juan Nieto de Valcárcel, Disputa epidémica: teatro racional donde, desnuda la verdad, se presenta al examen de los ingenios [1685], página 80).



    «Desde que Adán salió desterrado del paraíso ha trabajado nuestra humana naturaleza para encontrar los gustos que perdió, y solo ha conseguido en tantos siglos que los necios porfíen y los cuerdos se desengañen. ¡Oh, necia naturaleza! ¿Cómo pretendes apelar de una sentencia divina? Si está notificado a todo el mundo el sudor, ¿qué vano lienzo buscas para quererle enjugar? Si te distinguen las fortunas, sudará la alma en cuidados, lo que el pobre en sus rústicos poros. Trabaja como obediente para cumplir la sentencia, no como necio para intentar declinarla» (Manuel de Guerra y Ribera, Oraciones varias consagradas a María, señora nuestra, madre de Dios y de pecadores [1691], página 19, columna 1).

    «Tienen este estilo de tratarse con llaneza o por términos impersonales los grandes de España, sus hijos y hermanos para declinar la formalidad de sus etiquetas» (Juan Alfonso de Lancina, Historia de las revoluciones del senado de Mesina [1692], página 272).


    Este último ejemplo, por cierto, es el que más recuerda a las expresiones «declinar un honor» o «declinar una invitación».



¿Y por qué era así? ¿Por qué el francés y el español coincidían? Porque ambos idiomas proceden del latín, y en latín declinare significaba ‘apartarse’, ‘alejarse’, ‘desviar’, ‘esquivar’ o ‘abandonar’. El supuesto galicismo no era otra cosa que una parte de nuestra herencia lingüística que la Academia había olvidado recoger en su día.




Libros de dominio público de GOOGLE BOOKS (fechas de la consulta: 20 y 21 de mayo de 2026).
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española [https://apps2.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle], fechas de la consulta: las mismas.

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